sábado, enero 13, 2007

Eva y Adán
Arnulfo Poyer Márquez

Al extremo del nudo el reencuentro
un abrazo al llanto de silencio
aprieta los ojos graba el instante
que nunca ni nada en aquel beso entran,
más íntimo que el alma.

Y es otra vida -todo nuevo-
Invade el mercado tu presencia
Das conmigo en la sien de mis manos
obediente a una estrella escondida de sentidos
menos a tu mirada.
Ínfimas pelusas de tus orejas encendidas,
puentes directos al hambre de mi boca absorta:
un lunar aferrado a mi historia paralela
mancha solar de seguro en esa otra estrella.

Veo luz en tu vientre escondido
lazo milagroso de la espléndida mañana,
pasajes de nuevas clorofilas estremecen
romances entre nieblas y pájaros proféticos.
No más llanto en la escuela de manos, no más besos al aire
enrarecido, ni pasos abiertos tras la hora del cansancio
lo vale todo este momento que te veo que me ves en la amplitud que
prefieras, está lleno el cuenco de la historia.

Aunque lo digo sin remedio qué importa la historia para la piel que
muere, nada soporta eternidad pero si a algo ha de aferrarse
tus ojos ya han atrapado mis poros por la brisa o el recuerdo
quizás. Es este temblor inevitable que adivino a tu llegada estrella
perfume que espera a las puertas de mis latidos, la misma creo yo
palparían los primeros padres,
hasta que ángeles envidiosos los envenenaran
con demonios del bien y del mal.

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